Los molinos y Fuerteventura

    Los molinos y Fuerteventura | Macaronesia Fuerteventura

    Los molinos y molinas de viento tradicionales se erigen a lo largo y ancho de la geografía majorera, proclamando su condición de testigos mudos al paso del tiempo. Como puntales que aferrados al suelo se resisten al olvido, desde su visión nos trasladan a una vieja Fuerteventura que, aunque no queda tan lejana en la historia, sí está ligada a un estilo de vida en que la agricultura cerealística era el principal sustento de vida para la población.

    Un artículo de Janey Castañeyra

    Dado su valor etnográfico e histórico, como últimos baluartes de la molienda del grano antes de la llegada a la Isla de los procedimientos mecánicos, éstas edificaciones centenarias han sido reconocidas como «Bien de Interés Cultural» por la Ley de Patrimonio Histórico de Canarias, que a través de un Decreto del Gobierno regional (162/1994, de 29 de julio) ha catalogado 23 molinos y molinas de la Isla en la categoría de Monumento.

    23 molinos y molinas de Fuerteventura tienen categoría de Monumento

    Este reconocimiento lleva aparejado no sólo un sentido de protección para el molino de Fuerteventura, sino también una responsabilidad que recae en la administración, en este caso el Cabildo insular, para que vele por su recuperación y conservación.

    Tres de los molinos de la Isla sirven hoy como expositores activos de la cultura tradicional majorera y funcionaba como museos

    Se trata por un lado del Molino de Antigua y el Molino de Tiscamanita, que funcionan como centros museísticos independientes, y que en el caso del de Tiscamanita se dirige a mostrar al visitante el proceso de molienda y elaboración del gofio. Esta misma finalidad es la que tiene la Molina de Tefía, en su caso representando uno de los distintos aspectos de los antiguos modos de vida del habitante majorero, que se reproducen en la exposición museística del Ecomuseo de La Alcogida.

    En Fuerteventura se fueron construyendo molinos y molinas desde finales del siglo XVIII y principios del XIX, especialmente en las zonas centro y norte, como una respuesta coherente a las necesidades de una población que, gracias a estos edificios, aprovechaba las especiales condiciones de la Isla como son el viento constante y una orografía plana que facilitaba la construcción de la edificación.

    El molino de viento proporcionó enormes ventajas en la molturación de los distintos tipos de grano, aunque su introducción y proliferación no determinó el abandono de otros sistemas de molienda más antiguos, como el molino de mano —que ya utilizaban los antiguos mahos en una versión primitiva— o la tahona, de tracción animal.

    Cabe destacar la diferencia entre molino y molina, o molino hembra

    El molino de viento o molino macho es una edificación de planta circular, troncocónica, realizada en piedra, cal y barro, y coronada por una caperuza o capacete de madera que gira por medio del rabo o timón para orientar las aspas hacia la dirección del viento. Normalmente contaba con tres pisos, aunque algunos tienen dos, y con cuatro o seis aspas de madera y tela de lona.

    La molina, en cambio, es más moderna que el molino —fue ideada por Isidoro Ortega en la Palma, en el siglo XIX— e incorpora la ventaja de reunir en una única planta las actividades de molienda y manipulación del grano, evitando al molinero el dificultoso trabajo de subir y bajar constantemente entre las plantas del molino. Su principal característica es la marcada diferencia entre la maquinaria y el edificio, lo que ha permitido a propietarios de molinas, según necesidades o por motivo de compraventa, trasladar la maquinaria de una localización a otra, siendo únicamente necesario construir una nueva planta cuadrangular en la nueva ubicación.

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