Hogares contra sol y aire. La arquitectura de Fuerteventura

    Desde la conquista hasta mediados del siglo pasado la arquitectura popular majorera ha ido evolucionando en función de las influencias llegadas de fuera, los materiales disponibles, la adaptación al medio y la actividad económica, pero con elementos comunes en unas construcciones con personalidad propia donde prima la simpleza, la sobriedad y la funcionalidad frente al afán estético.

    Por Guaxara Castañeyra

    Como en cualquier lugar, las condiciones del medio y la actividad de sus pobladores han determinado las características personales de la arquitectura de Fuerteventura, condicionada por un clima inclemente y desértico con vientos insistentes, mucho sol y poca lluvia. La actividad económica de los majoreros, casi exclusivamente ligada al cultivo del cereal y la ganadería, ha determinado que las viviendas populares de la isla se encuentren en un entorno rural, colocadas de forma dispersa en las cercanías de las zonas de cultivo. Por otro lado, la escasez de materiales de construcción y la falta de una planificación arquitectónica terminan de hacer de los edificios tradicionales de la isla una representación de una vida dura y humilde pero con una marcada personalidad.

    EVOLUCIÓN de la arquitectura de Fuerteventura

    Antes de la conquista, los mahos construían sus viviendas como estancias irregulares, con bajos muros de piedra sin tratamiento alguno, una sola puerta y una tosca cubierta de piedra, lo que puede resultar incluso avanzado para un pueblo neolítico sin apenas contacto con el exterior.

    En Betancuria, primer asentamiento tras la conquista en el siglo XV, aparecen las primeras viviendas postcoloniales que recogen un marcado carácter normando y elementos de una alta clase social, como los techos de teja, pero con características en común con las construcciones populares que se desperdigarían desde entonces por todo el entorno rural de la isla.

    En la arquitectura vernácula no existe una evolución lineal, ni en el tiempo ni en el territorio. Al tratarse de un tipo de construcción «anónima» y elemental, muy práctica, los cambios en las estructuras no se han introducido de forma regular, sino de manera dispar en base a las condiciones particulares de la zona, las necesidades de sus habitantes y las modas e influencias importadas generalmente de las colonias (arquitectura de retorno).

    Es común creer que la casa tradicional majorera tiene una planta de desarrollo lineal en forma de L o C, y en parte así es, pero no de forma planificada. La mayoría de las construcciones dedicadas a la residencia de la población se erguían en un principio con uno o dos habitáculos alineados y orientados al sur, para darle la espalda al viento despiadado, a los que se le iban añadiendo con el tiempo otras estancias en función de la necesidad. De esta forma, en una misma vivienda se encuentran fácilmente diferencias constructivas entre las distintas habitaciones que la componen, articuladas en torno a un patio-distribuidor.

    MATERIALES en la arquitectura de Fuerteventura

    Los materiales utilizados en la construcción de los hogares en Fuerteventura, territorio aislado, han sido necesariamente los que ofrece el entorno más cercano.

    La piedra es la gran protagonista de las estructuras, labrada de diferentes maneras para su utilización en la construcción de muros, suelos o soluciones arquitectónicas para esquinas, puertas y ventanas.
    Las paredes de piedra se rellenaban con barro, que se utilizaba también como cobertura para techos y azoteas, dando lugar a lo que popularmente se conoce como torta, visible en los característicos techos a dos aguas color ocre de las viviendas populares de la isla.
    Las cubiertas se fabricaban con una madera inexistente en Fuerteventura, importada de otras islas para quien se lo pudiera permitir, o sustituida por tarajales y palmeras para el resto.

    A pesar de los intentos institucionales y académicos para preservar las características propias de la arquitectura majorera que la hacen única y especial, lo cierto es que las medidas no han cosechado mucho éxito. Se ha ido perdiendo el apego cultural y la búsqueda del equilibrio entre la necesidad de modificar el medio y el respeto con el entorno, cualidades que debemos recuperar a través del conocimiento, y revivir algunas virtudes de una arquitectura definida por la sencillez, practicidad, humildad y una profunda integración con el medio. Las mismas virtudes que esas personas que un día habitasen entre sus muros.

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