Domingo Rodríguez El Colorao

    Domingo Rodríguez El Colorao
    © Producciones Zukoabega po Gabriel Fuselli

    Se acuesta con un proyecto en la cabeza y se levanta con otro. En el cajón le esperan discos que ver la luz e ideas como el Museo de la Memoria. El artista más internacional de Fuerteventura, Domingo Rodríguez «El Colorao», lleva desde que tiene uso de razón con un instrumento en las manos. También con el compromiso de dejar, a los que están por llegar, una isla alejada del desarrollismo y de todo aquello que pone freno a la naturaleza, la identidad y a la historia local.

    Por Eloy Vera

    El Colorao nació en una estirpe de tocadores en Tetir, en 1964. Bisnieto, nieto e hijo de tocadores, Domingo empezó a rascar los instrumentos: guitarra, bandurria, timple… cuando aún le quedaban muchos centímetros por crecer. Cuando creció llegó a ser un hombre pluriempleado: músico en una orquesta, trabajador de Iberia y profesor de música.

    Un día consiguió cuadrar agendas y tener una semana de vacaciones. Por el periódico se enteró de un curso de guitarra en Lanzarote, impartido por Blas Sánchez y el Guitar Consort de París. Cogió el barco y se presentó en Lanzarote. Recuerda cómo aquella oportunidad le sirvió para abrirle «un mundo que no sabía que existía». Los profesores se quedaron asombrados de cómo aquel joven, sin tener conocimientos de música, era capaz de sacar de la guitarra «Recuerdos de la Alhambra».

    En 1985 le convencieron para hacer las maletas y se fue a estudiar guitarra clásica a París. Allí conoció la música del guitarrista argentino Jorge Cardoso que residía en Madrid y, sin dudarlo, se trasladó a estudiar a la capital con el maestro argentino. Tras seis años fuera de Canarias, regresó a Tenerife, donde se presentó a un concurso de timple del que fue finalista junto a José Antonio Ramos. Grabaron un disco en vinilo que no tuvo más recorrido que el de morir en un cajón del Gobierno de Canarias. De nuevo, volvió a hacer las maletas, esta vez para regresar a su isla.

    Durante años compaginó la guitarra y el timple hasta que este último terminó robándole el corazón. «Me pareció más interesante y estaba más virgen», defiende el músico. Empezó a dar clases de timple, grabar discos, crear espectáculos y viajar por el mundo como embajador de Fuerteventura.

    El timplista asegura que, «desgraciadamente se podía hacer mucho más por la cultura en Fuerteventura». Recuerda aquellos tiempos en los que hubo una escuela de folclore que daba clase por todos los sitios y muchos grupos de folclore y parrandas. Hoy, para hacer una fiesta, hay que pagar a las parrandas. A su juicio, hay que «trabajar el folclore, pero no dar clases y ya está, sino a nivel de raíz y tradición que es lo que nos presenta al mundo. Se podría hacer mucho más que cerrarnos en un sitio a dar clase».

    Asegura ser un privilegiado y tener la suerte de que su trabajo esté valorado en Canarias, pero reconoce que donde menos toca es en Fuerteventura. Ha presentado proyectos en teatros como el Pérez Galdós o el Cuyás que han colgado el cartel de completo. Sin embargo en su isla, cuando los presenta, parece casi que «estoy pidiendo favores».

    La cabeza del timplista de Tetir no para de dar vueltas gestando ideas. Le esperan siete u ocho discos en directo y no directo, grabados, pendientes de ver la luz y proyectos como crear en Fuerteventura el Museo de la Memoria donde «mostrar toda la riqueza cultural que tiene Fuerteventura».

    El proyecto contempla crear un lugar donde los interesados pueden ver todo tipo de cantos, cómo se tocaba la guitarra, el timple o la bandurria. También habría un lugar donde exponer aquellas costumbres y tradiciones de nuestros mayores desde las señas de agua, las técnicas para plantar o cómo hacían de comer nuestros abuelos. «Desde pequeño me interesé por esa faceta. Tengo muchas horas de grabación y quiero poner todo eso al acceso de investigadores e interesados». De momento, el proyecto no ha llegado a materializarse.

    El tiempo que no está con el timple en la mano está defendiendo Fuerteventura. Una de sus últimas batallas es salvar las Dunas de Corralejo. Lamenta su deterioro y pérdida de capacidad, «antes inundaban la carretera, hoy ya no».

    El Colorao es claro, «estoy por la labor de que quiten la carretera y que la pasen por la zona de arriba. Se puede disfrutar de un entorno maravilloso sin necesidad de tener que meter el coche. Cuando voy al Teide no meto el coche en la punta ni tampoco entro con él a Garajonay o la Caldera de Taburiente».

    También está en contra de maniobras militares o el proyecto de Tindaya y de que el antiguo Puerto Cabras siga desapareciendo a manos de una piqueta movida por el desarrollo y la especulación. Asegura que le resulta «muy triste que no se haya hecho un plan de protección para esas viviendas» y critica el derribo con licencia del Ayuntamiento de Puerto del Rosario de dos casas antiguas en pleno casco antiguo.

    «Abogo por darse prisa y proteger todo lo que sea patrimonial. Cualquier casa antigua, aunque no haya castillos medievales, hay que protegerla porque es nuestra historia», concluye. El timple le está esperando.

    Domingo Rodríguez El Colorao | Macaronesia Fuerteventura
    © Producciones Zukoabega po Gabriel Fuselli